Putas lince Estúpido

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Tigresa ríe y sin responder, comienza a caminar hacia el valle, seguida por Cheng, que lee uno por uno los artículos y las cantidades anotadas en aquella lista.

Se gastaba alguna que otra broma al respecto y Tigresa le reía la gracia. Me gusta tu sonrisa, le había dicho la segunda vez que se vieron. Te ríes lindo, le confesó la tercera. Tigresa agradece los cumplidos con la misma ternura con la que agradecería el cumplido de un niño. Da la sensación de aquel pequeño enamorado de su profesora.

Cheng hablaba mucho y a Tigresa le gustaba escuchar. Se veían todas las tardes. Cualquier opción les quedaba bien. El lugar era realmente lo de menos, lo importante era poder tener aquellas conversaciones tan divertidas. Los hombres y mujeres que atienden los puestos observan con cierta molestia a aquel lince, tan escandaloso y descuidado, que imita a las morsas con dos palillos bajo sus labios, hace malabares con los duraznos para hacer reír a los niños que pasan por ahí y deshace una pila de manzanas por tomar las de hasta abajo.

Tigresa se disculpa con una apenada mirada, aunque nadie le haya dicho nada. Claro, ir acompañado de la Maestra del Estilo del Tigre tiene sus ventajas.

Cheng sabe que algo pasa entre esos dos, ella lo hace ver hasta en la manera en que su voz tiembla al mencionar accidentalmente al panda. Pero no se atreve a preguntarle… al menos, no directamente. Tigresa señala algunas hojas de té al vendedor, sin fijarse realmente, solo por distraerse en algo. Tigresa se encuentra un tanto nerviosa, pue son le gusta el cambie en aquella conversación, aunque tampoco se le ocurre como cambiar el tema.

Cuando tienen todo lo de la lista, incluso aquellos artículos femeninos cuyo uso y función Tigresa se niega a explicar, ambos se dirigen de vuelta al Palacio de Jade. No, qué va, no hay prisas. Cheng insiste en llevar las bolsas, aunque por terquedad de su amiga, terminan llevando la mitad cada uno.

De nada les sirve discutir por tonteras. Invita a Cheng a subir con ella al palacio, para continuar con aquella divertida anécdota sobre cuando las hermanas del lince le vistieron de mujer. Se muestra un tanto reacio en un instante, alegando que no quiere ocasionar problemas, pero la sonrisa e insistencia de la felina lo convencen casi sin esfuerzo alguno. Entran a la cocina y Tigresa ofrece a Cheng un vaso de agua, el cual el acepta, mientras espera a que ella acomode la mercadería en su lugar.

No quiere ser un estorbo preguntando todo. No fue una tarea que le llevara mucho tiempo, pero es que estaban demasiado entretenidos conversando.

Tigresa, en cuanto terminó, se sentó junto a Cheng en un par de sillas junto a la mesa. Conversaban como si estuvieran solos, a ninguno le importaba que estar en la cocina de un lugar lleno de gente y por lo tanto, a Tigresa poco le interesaba si alguno de los chicos o Víbora aparecían. Bien dicen; el que nada debe, nada teme. Por eso, la felina ni siquiera se sobresaltó cuando Po apareció en la cocina.

Cheng, inocente, levanta una mano en al aire para saludar. Sus labios sonríen al panda, sin tomar en cuenta la dura mirada de este hacia la felina. Había ido hasta ahí luego de oír a Mono y Mantis cuchichear sobre Tigresa y un lince en la cocina. Al parecer, aquellos dos le habían visto entrar hacía rato, pero aunque esperaron, no le vieron salir. El panda no le inspira confianza, mucho menos para con Tigresa. No la conoce hace mucho, pero algo en ella se hace querer, despierta en él un sentimiento protector.

Porque los ojos de Tigresa tienen aquella mirada de los que sufren en silencio. La puerta se cierra y el silencio llena la cocina. Po se queda parado al extremo de la mesa, con las manos apoyadas en el borde de esta, y Tigresa permanece en su asiento.

Ambos se sostienen la mirada. Necesita descargarse, escupir todo lo que tiene por decir, gritar, llorar o lo que sea. Nada mejor que discutir con el panda. Los segundos se hacen eternos. Po toma aire y lo exhala repetidas veces, como si quisiera calmarse. Las palabras se clavan como puñales en el pecho de Tigresa. Duelen, cada una de ellas, un dolor frío y punzante a la vez que le deja sin aliento. La cachetada resuena en la estancia.

Po se lleva una mano a la palpitante y enrojecida mejilla, y Tigresa tan solo puede observar en silencio lo que ella misma a echo. Cheng se muerde el labio, observando a la ebria felina.

El ambiente es oscuro, escasamente iluminado por unos farolillos rojos. El bar es íntimo y bonito, aunque, claro, Tigresa apenas si se tomó el tiempo de fijarse en ello. El lince creyó que se refería a que hace mucho no probaba el alcohol, pero descubrió que decía la verdad al verla completamente ebria luego el primer vaso. Ahora, luego de un total de tres vasos, la felina se encontraba con la cabeza recostada en la mesa, usando un brazo de almohada, mientras que los dedos de su mano libre jugueteaban por encima de la copa.

Ríe, una risa rota y amarga— Llega él y es como si la vida fuera rosa. Cheng ríe y se levanta de su silla, decidiendo que ha sido suficiente por toda una vida. Nada de que la carguen. El lince le sujeta un brazo y le obliga a rodearle el cuello, a la vez que él le sujeta de la cintura. Tigresa se deja hacer. Tigresa parlotea todo el camino. Cuenta de cuando se quedó atrapada en el Salón de Entrenamientos, de cuando se quebró un brazo en aquella misión, incluso, en un momento dado, comienza a divagar sobre todo aquello que cruzó por su mente cuando fueron a Gongmen.

Joder, como los vasco. Si es que los vascos son unos linces. Que no digo que no te falte razón pero Vale que las portuguesas tengan bigote pero de eso a parecerse a un lince hay un trecho.

Comentarios landistas en 3, 2, Un buen 'lince', que ha pillado a una 'ilusa'. El macho español, de dos años de edad, responde al nombre de 'Mundo' Siempre se ha dicho que Julio Iglesias era un lince con las féminas. Para los linces no hay fronteras. España y Portugal no existen. Nos lleva eones de adelanto. Parece que no le importó que tuviera bigote! Eso dicen de las portuguesas.

Qué asco de comentarios sobre las portuguesas, la virgen. Puff vaya colección de tópicos idiotas sobre Portugal se ve que nadie ha ido a Lisboa o a Oporto y ha visto la preciosidad de portuguesas que hay por ahí. Esto es como lo de los catalanes tacaños y los andaluces vagos. Es necesario para poder hacer chistes.

. El ambiente es oscuro, escasamente iluminado por unos farolillos rojos. Sus manos frotan la espalda de la felina, en un pequeño intento por reconfortarla. Ser un chupar extraño o ser un burro significa ser una persona que emplea su fuerza en detrimento de su capacidad intelectual. Al borde del odio Eso dicen de las portuguesas. Y chicos… si le piden algo a una mujer y esta les contesta "si, mi amor" sin putas lince Estúpido durante unas dos horas primero, valoren, que esa mina los ama…. 7 Sep Es tan idiota como decir que Melcochita influenció a Jim Morrison de The Vivían en Lince, en ese entonces una zona burguesa de Lima. Cuando me preguntan sobre los 80' siempre les digo puta fue la peor época y. 7 May *insertar voz de foca pariendo* ¡VAMO, LAS PUTAS, A JODER, QUE Baja las escaleras cada vez más convencida de que el lince no se. 8 Mar Pero el odio me enseñó a ser un lince, nunca un pendejo · Con los dedos de Me sabe a mierda cultura, putas y fama. Esta canción no es pa'.

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